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Le hemos entregado a la fotografía el poder de alterar nuestro ánimo; capaz de hacernos saltar las lágrimas de emoción, subirnos los colores, encendernos… o hacernos sudar frío. En ocasiones, incluso una misma imagen puede hacernos pasar por todos esos estados, dependiendo del momento, el lugar y sobretodo de las manos que la sujeten.

La fotografía en un entorno íntimo puede ser medio por el que seducir a amantes en potencia, un juego excitante con la pareja. Imagen congelada o en movimiento, con o sin rostro, explícita o sutil, con o menos ropa, estos intercambios que se dan en privado tienen como nombre sexting. Tal vez sean fotografías en las que se enseñe menos que en la playa, en actitud no mucho más provocativa que la que estamos acostumbrados a ver en videoclips o portadas de revistas, ni más ni menos sugerente que las que podemos encontrar en cualquier proyecto fotográfico o artístico dedicado a la erótica. Y aún así, el hecho que esas imágenes puedan circular en el dominio público es algo que resulta aterrador para uno mismo, y por eso, hay quienes las utilizan como chantaje, venganza o acoso, en definitiva, como medio para hacer daño. Es lo que ha sido nombrado como sextorsión, grooming o pornovenganza, según la intención o el modo de llevar a cabo tales ultrajes.

Imagen distorsionada del sexting filtrado de la actriz Jennette McCurdy

Una persona recibe una imagen erótico-seductora de su pareja o amante en potencia, una imagen provocadora que tiene la voluntad de excitar a su destinatario. Pero el destinatario no es cualquiera,- como podría ser el lector de Playboy –  no se trata de un receptor anónimo, ni tampoco es intercambiable, -sustituir amante por padre, jefe o vecino es una aberración-.  Es una fotografía que ha sido enviada para permanecer en la intimidad, entre el deseo y la confianza depositada entre ambos. Es lo que ha sido denominado sexting. ¿Pero qué ocurre cuando esa fotografía es transferida sin el consentimiento del/la representado/a, en otro contexto, bajo otras miradas?

La Dra. Laura Bergman citada por PantallasAmigas, utiliza el término ciberviolación para describir el devastador impacto que tiene esta difusión delictiva sobre sus víctimas y sus familias. La sexóloga justifica el término en que pese a no haber violación física, hay una violación en la seguridad y privacidad de las víctimas: no sólo es la vergüenza que les provoca sino que sus reputaciones y su futuro quedan seriamente dañados.

Imagen distorsionada del sexting filtrado del actor, comediante y cantante de R&B, Jaime Foxx

Hemos visto con naturalidad, a famosos en películas o vídeos musicales simulando actos sexuales y/o en escenas eróticas en las que se desnudaban. Sin embargo, hackers, acosadores o exparejas rencorosas que buscan humillar, desacreditar o extorsionarlos, creen que una forma de lograrlo es hacer circular fotografías con contenido erótico, con la particularidad de que estas imágenes pertenecen a su vida privada, a su papel de “no-ficción”. Las reacciones por parte de los afectados, así como de los medios de comunicación, demuestran que así es: una fotografía que sale de la privacidad en la que fue concebida, en contra de la voluntad del retratado, es una traición a su intimidad que puede mancillar su imagen social, su reputación y su honor.

Están por lo tanto cometiendo un delito: el honor, la intimidad y la propia imagen son derechos humanos establecidos en el Artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No obstante, la repercusión social que tienen unas imágenes erótico-pornográficas no es la misma si estas son protagonizadas por un hombre que por una mujer, siendo estas últimas utilizadas como otra forma de violencia de género, puesto que se le añade una capa peyorativa-machista por el simple hecho de representar la sexualidad femenina. Las discrepancias en relación al honor siguen, según las circunstancias de tiempo y lugar, dista en matices el significado que adquiere para un adolescente que para un adulto, así como de una cultura a otra, tampoco fueron los mismos hace 50 años a los que hoy son.

Imagen distorsionada del sexting filtrado de la actriz Scarlett Johansson

Cabe preguntarse entonces, si el agravio no viene determinado por el contenido en sí (sexual) sino precisamente, por la procedencia del mismo, la intimidad.  Una intimidad violentada. Como defensa, el derecho a la intimidad tiene por objeto proteger al sujeto frente a las injerencias de terceros dentro de su esfera íntima, bien sea excluyendo ésta del conocimiento ajeno, bien sea mediante el control de las informaciones que de ésta se difunden. Pero antes de llegar al delito, ¿cuál es nuestra postura?, ¿pensamos en las repercusiones antes de tomar cualquier fotografía?, ¿somos conscientes de la imposibilidad de la fotografía-confidencial en el medio digital?, ¿y a la hora de enviarla?, hoy puede que quieras que esa persona tenga una foto así de tí, pero ¿querrás que la tenga en un futuro en el que vuestro aprecio haya desaparecido?.

Llegados a este punto, podríamos pensar que una forma de liberarnos del dolor que genera este tipo de difusión, sería quitarle relevancia a la imagen fotográfica, desprendernos de ella, de toda carga emotiva y referencial, castrarla de todo poder. Dejaríamos a los acosadores sin armas, no habría crimen, porque nadie se inmutaría ante el acto, no habría escándalo ni humillación, ni noticia. Por supuesto, hablamos de un imposible, pues la fotografía la hemos convertido en una prolongación del yo, nuestra representación, y ser inmunes a lo que a nuestra imagen fotográfica le sucede, es como tratar de ser inmunes a lo que a nuestro cuerpo vive y padece. Somos vulnerables a nuestra imagen. Y mientras siga siendo así, acometer contra ella será un delito y la única forma de hacer defendernos será haciendo uso de la ley.

Imagen distorsionada del sexting filtrado de Amanda Seyfried y Justin Long

 

Llegados a este punto, podríamos pensar que una forma de liberarnos del dolor que genera este tipo de difusión, sería quitarle relevancia a la imagen fotográfica, desprendernos de ella, de toda carga emotiva y referencial, castrarla de todo poder. Dejaríamos a los acosadores sin armas, no habría crimen, porque nadie se inmutaría ante el acto, no habría escándalo ni humillación, ni noticia. Por supuesto, hablamos de un imposible, pues la fotografía la hemos convertido en una prolongación del yo, nuestra representación. Ser inmunes a lo que a nuestra imagen fotográfica le sucede, es como tratar de ser inmunes a lo que a nuestro cuerpo vive y padece. Somos vulnerables a nuestra imagen y todavía tenemos mucho sentido del ridículo y del pudor. Y mientras siga siendo así, acometer contra la imagen será un delito y la única forma de defendernos será haciendo uso de la ley.

Sextorsión: Sucede cuando esas fotografías son utilizadas para conseguir algo de la persona que sale en la imagen, mediante la amenaza de publicarla. Extorsión sexual y/o económica que suele ser realizada por Internet, ya que asegura un cierto grado de anonimato al/la criminal. Generalmente la víctima es coaccionada para tener relaciones sexuales con el/la chantajista, para producir pornografía u otras acciones. Un delito cada vez más común que atenta a la intimidad y a la reputación, tanto de menores como de adultos.

Grooming: El destinatario de las imágenes, el que está en posesión de ellas, es un falso conocido, un adulto que a través de Internet se hace pasar por un adolescente o preadolescente para engatusar a algún niño o niña que cree que está ligando o aciendose amigo de un igual. En estos casos, los menores son tentados a enviarle contenido en el que se les ve desnudos o semi desnudos a través de fotografías, vídeos o activando la webcam, contenido que, posteriormente son utilizados para coaccionar a la víctima para cada vez llevarla más lejos, hasta acabar consumando actos sexuales o crear pornografía infantil.  Las consecuencias derivadas de este tipo de apremios son múltiples ya que un alto porcentaje de las víctimas no son capaces de afrontar la situación, entrando en la dinámica que desea el acosador.

Pornovenganza: Tiene como objetivo último causar un mal a otra persona que no ha consentido el uso en público de sus imágenes íntimas, es el fenómeno que más está creciendo entre exparejas y que crea una mayor victimización siendo las mujeres las afectadas en casi todos los casos. Personas anónimas, de cargos públicos o famosos han sido víctimas de este delito, inclusive se han destinado páginas online a este tipo de contenido como fue hasta hace poco ExGirlfriend, en el que no sólo se colgaba dicho material acompañado de comentarios jocosos y ofensivos, sino que además las imágenes estaban enlazadas a datos personales, como su nombre, teléfono, dirección, su cv o su cuenta de linkedin, mezclando su identidad sexual con la laboral.

Portada: Imagen distorsionada del sexting filtrado de Miley Cyrus
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Nerea Arrojería

Palafrugell, 1989) Nos meus anos de estudo de fotografia desenvolvi um interesse apaixonado por seus usos e idiomas. Mais tarde, especializei-me em críticas ao Mestrado em Análise e Gestão da Arte Contemporânea. Atualmente, estou estudando o diploma de História da Arte, e eu sou o editor-chefe da plataforma fotográfica Elpulpo. O meu trabalho centra-se principalmente na escrita e pesquisa da imagem, especificamente, fotográfica.