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Todos tenemos uno. Lo necesitamos para vivir. Deberíamos cuidarlo, ya que dependemos de él para todo. Pero, más allá de eso, ¿qué dice el cuerpo de nosotros?

De manera muy aleatoria nacemos con un aspecto, con unas características concretas que no podemos cambiar. A ello, le sumamos la apariencia que creemos que le corresponde según los patrones sociales y culturales del lugar dónde nos encontramos, del imaginario colectivo que nos rodea. También depende de la imagen que queramos transmitir, de lo que queremos contar de nosotros a través de lo visible, de lo físico. Muchas veces este proceso es subconsciente, otras, está cuidadosamente pensado y estudiado.

Personalmente he estado 3 años trabajando el tema del cuerpo desde la perspectiva de la teoría Queer. Es decir, desde la diferencia y la alternativa a los patrones establecidos en cuanto al género. Me refiero a la alternativa a los dos grandes bloques donde la mayoría intentamos encajar: hombre y mujer. Lo masculino y lo femenino.

Empecé revisado movimientos feministas que luchan por la igualdad de los géneros hasta llegar al Queer, que directamente los de-construye, los desmonta y habla de toda la gama de grises que hay entre ellos.

El momento que empecé a interesarme por el tema de manera consciente (la inquietud ya llevaba años dentro de mí) fue durante un proyecto en el que trabajé con el pelo como símbolo. Me di cuenta de lo importante y castrante a la vez que es algo tan simple y normalizado como el pelo. Cómo,un elemento tan natural y al que no le prestamos especial atención más allá de la estética, puede definirnos de manera tan contundente. Cómo llega a marcarnos el modo de actuar y de ser tratados. Hice la prueba conmigo misma. Teniendo el pelo bastante largo, me lo rapé. Efectivamente noté cambios en la manera en que la gente se dirigía a mí, pero he de decir que también cambió mi manera de actuar con los demás. No fue un cambio sólo estético sino que devino en un cambio postural, de actitud, de presencia. Algo físico comportó cambios que iban mucho más allá.

Digamos que este fue un previo a lo que sería EL proyecto que he realizado sobre el tema del género en el contexto Queer. Pero al final, mi proceso de trabajo es básicamente el mismo.

Seguidamente empecé un proyecto que ha ido cambiando de nombre y que ahora consta de tres partes o capítulos: Nice, Them, Play. El proceso en los tres y básicamente en todo lo que hago es similar. Hago fotos y dibujo. “Automáticamente”, sin motivo ni objetivo consciente. Luego reviso y pienso. Identifico mis patrones. Me cuestiono los motivos. Si el tema me interesa también conscientemente, focalizo. Sigo sacando fotos o dibujando, pero ahora cuando leo, o veo películas o hablo con gente, voy aportando capas, matices. Investigo e insisto. Concreto, defino el concepto para no abarcar demasiadas cosas y complicarlo. Al final del proceso, edito bajo esas premisas específicas e intento que las imágenes digan o expresen lo que pretendo.

Elegí el género como objeto de estudio, lo Queer, porque me di cuenta de que el sistema está muy acotado y restringido a muchos niveles y que yo no acabo de encajar en él. Al sumergirme tanto en el tema, conocí y estreché lazos con gente que igualmente no encaja en los estereotipos de género y que forman parte de plataformas que discuten, investigan y luchan por la de-construcción del género. Pasé mis crisis de identidad, discutí con mucha gente y sufrí al descubrir actitudes machistas en mi entorno y, peor aún, en mí misma. ¿Cómo se refleja esto en mi trabajo?

Parto siempre desde un punto de vista bastante personal. Pero a la vez no hablo directamente de mí. Eso no me interesa. Uso estas crisis, vivencias, pensamientos, para crear imágenes que las reflejen. Imágenes con un tono más poético que literal, sin ser descriptivas ni representativas de manera evidente, sino más bien un intento de evocar sensaciones. En la primera parte del proyecto, Nice, quería evidenciar el conflicto interno que se puede dar al intentar salir del papel asignado, de las frustraciones y resistencias internas que hay al cambiar la manera en que presentas tu cuerpo, en que te muestras. La estrategia que usé para ello fue no mostrar los ojos de nadie, solo cuerpos que no responden 100% a los estereotipos. Al negar la mirada, incluso la aparición del rostro, de los personajes que aparecen, se crea cierta incomodidad que intenta hablar precisamente de esa disconformidad y desencaje en relación al género a través del cuerpo.

Ana Benavent – Nice 03,  2015.
Ana Benavent – Nice 13,  2015.
Ana Benavent – Nice 17,  2015.

Otra parte del proyecto en el que he estado trabajando, Them, consta de retratos de gente que no considera que esté dentro de los géneros imperantes en nuestra sociedad pero que viven con normalidad. Podría darles nombre y voz pero tampoco con ellos me interesa quedarme en la historia personal, sino que intento crear simplemente un retrato general, visibilizar a personas que viven performandose de una manera distinta y generar empatía con el espectador.

Son cuerpos alternativos a la norma. Gente que utiliza su físico para hablar, para protestar, para reivindicar territorios nuevos. Gente que utiliza la imagen que generamos para actuar en un papel distinto al que le asignaron al nacer: niño o niña. Usan el cuerpo como dispositivo de diálogo. A veces lo hacen conscientemente con esta finalidad, o por lo menos sabiendo que se va a producir. Otros simplemente se sienten cómodos de esta manera y tampoco pretenden ni quieren más. Pero sea como sea, el cuerpo es algo con lo que hablamos, con lo que nos comunicamos sin necesidad de decir una palabra.

Ana Benavent – Them 03,  2015.
Ana Benavent – Them 15,  2015.
Ana Benavent – Them 06,  2015.

La última parte del proyecto, Play, habla precisamente de eso, de jugar, de actuar. Habla de cómo nosotros representamos, a través de nuestro cuerpo y de cómo lo utilizamos, el género. Los genitales con los que nacemos y que dictan nuestra manera de actuar, es una parte que no se ve, que esta oculta la mayor parte del tiempo pero que aun así son los responsables de una de la etiqueta más limitante que poseemos: hombre o mujer. Femenino o masculino. Una vez se nos asigna somos nosotros los que vestimos el cuerpo, los que actuamos de una manera u otra, representando ese género que nos ha tocado.

Ana Benavent – Play 05,  2016.
Ana Benavent – Play 07, 2016.
Ana Benavent – Play 10, 2016.

Volviendo otra vez al proceso de trabajo, una vez tengo las imágenes, hay muchas otras cosas que necesito definir. Por ejemplo, creo que es muy importante saber qué es lo que no quieres hacer o dónde no quieres caer. Yo no quiero un discurso feminista, no quiero hablar de mí, no quiero aleccionar, no quiero que suene a queja, no quiero describir una situación concreta.

Este tipo de reflexión me ayuda mucho a definir lo que sí quiero. Quiero tener un punto activista, visibilizar algo que creo que es una problemática que necesita trabajo. Quiero una estética “bonita”, agradable al menos, cuidada, interesante. Quiero crear un espacio para la reflexión.

Para terminar, creo que es importante tener claro que ya se han trabajado casi todos los temas previamente y tener claros los referentes visuales y conceptuales que se tienen.

Mis influencias son charlas, lecturas que no necesariamente trabajan con el tema pero que me remiten a él de una manera u otra. Mi vida y la de la gente a la que conozco. Filósofos y cineastas. Al final todo converge y se une, parece que todo apunte hacia el tema y que viene a mí de manera automática, casi mágica. Pero supongo que es lo normal cuando te centras y le pones mucha energía a un punto.

Para terminar, creo que una característica muy básica de mi trabajo es la unión entre el discurso y la vivencia personal. El hecho de que haya un interés real y que haya vivido, sufrido y experimentado el conflicto en primera persona, aporta una capa o matiz de realismo al proyecto. Quizás no es exactamente realismo, pero creo que ayuda a empatizar con la gente. La mirada no es desde fuera como un observador o investigador o sociólogo. Es desde dentro, desde la intimidad de formar parte de lo que hablo, siendo uno más, otro cuerpo que no encaja pero que busca la manera.

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Ana Benavent

<p>Soy Ana. Artista o fotógrafa. Viajera lenta. Amante del yoga y del café aunque no tenga mucho sentido. Queer. Intolerante a la lactosa. Persigo la luz y me duermo cuando no la hay. Inquieta. Estudié fotografía primero y Bellas Artes después. Hice algunos de los cursos fuera, en ciudades con M, Madrid y Manchester. En mis fotos busco la intimidad en lo cotidiano. A veces me busco dibujando. La performance también me parece un espacio interesante dónde experimentar, inventar formas distintas<br /> de interactuar. La alternativa a la norma es lo que me guía en mis proyectos y en mi vida.</p>